y los pueblos del año 2000
Oaxaca y la ley indígena
Ojeada
general
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Durante un tiempo, hacia principios de 1998, el estado de Oaxaca fue
tratado como un gran mostrador de cristal, una muestra de que se puede
reconocer la identidad indígena dentro del cuadro de una nación
moderna. El gobernador del estado, Diodoro Carrasco, apoyaba cambios
en la constitución estatal para otorgar mayor autonomía a
los municipios indígenas. En épocas antiguas, estos
zapotecas y mixtecas -- y otros -- habrían constituido la "República
de Indios." Buscan ahora una categoría colectiva de que no habían
gustado desde los años coloniales, o después de que la Constitución
de 1824 declaró a todos los mexicanos iguales ante la ley.
Una institución apoyada en el nuevo orden sería el tequio, bajo el cual todos los miembros de una comunidad tradicional debieran ofrecer "voluntariamente" su servicio en el trabajo colectivo. Esta institución había constituido un anatema para los liberales mexicanos del siglo XIX, quienes trataban de sustituir los costumbres rígidas con una sociedad libre e individualista. Todavía contrariaba la ideología formal del partido oficialista, el PRI, y del neoliberalismo que el PRI ha aceptado bajo presidencias recientes. Ahora fue un gobernador priista quien patrocinó el acercamiento nuevo (o nuevo/antiguo), reclamándose el renombre de progresista. Carrasco actúa como vocero de la modernización económica, saliendo al mundo más amplio para excitar interés e inversiones. Presidiendo sobre un estado con gran población indígena, sabe que la inquietud social pudiera desacreditar el proyecto moderno. |
Los activistas en el estado, y especialmente alrededor de la comunidad de Juchitán, habían buscado desde hacía mucho tiempo una autonomía que emergiera de sus propios esfuerzos. Habían encontrado apoyo en un movimiento indígena continental que formulaba propuestas modelos para la autonomía comunal. Pero quedaban conscientes de otras presiones: