La Guerra México-EU

y los pueblos del año 2000


Datos de la política actual:

 Chiapas: el pueblo, los observadores

 
Ojeada general 

Datos de la política actual 

Datos de la historia 

El futuro de las naciones nuevas/viejas

Todo brotó en Chiapas, en enero de 1994:  la rebelión zapatista en las comunidades mayas, aceptando a un intelectual enmascarado como su vocero.  Grupos de armados se apoderaron de algunos gobiernos municipales.  Se intimó la cuestión antigua de la tierra. 
 
Dieron publicidad a su historia, empleando la "Net," incluyendo conexiones con intelectuales en la Capital y en el gran mundo.  El instrumento más efectivo de esta publicidad fue el conflicto mismo.  Unas entidades del Ejército entraron, intentando limpiar la zona.  Unos pacificadores, más ciertos políticos radicales, y unos clérigos de la región, demandaron una tregua entre las fuerzas.  Los discursos y comunicados proclamaron la causa de negociaciones, o de mediación.  Los estadistas, en ambos lados, denunciaron a sus contrincantes como agitadores. 
 
La rebelión en Chiapas se convirtió rápidamente en un suceso transnacional.  Gobiernos y particulares, tomando interés en el conflicto, precipitaron reacciones por parte del gobierno mexicano.  En esta situación entró también un dato masivo que es menos considerado en EU, aunque bien visible en México. 
 
Este es la actividad de las ONGs, las Organizaciones No-Gubernamentales que establecen para sus participantes una identidad afuera del cuadro del estado-nación.  Las ONGs pueden presentarse como organizaciones de cualquier índole, tanto religiosa como política, tanto conservadora como radical.  El término su usa más, por supuesto, para designar grupos radicales o religiosos que se movilizan para defender los derechos humanos.  A veces, al lado izquierdo o al derecho, las organizaciones humanitarios sirven para encubrir el reclutamiento para alguna agenda política. 
 
Hasta determinado punto, todo establecimiento político preferiría cooptar a las ONGs, en vez de ocuparse con reprimirlas.  El punto límite se alcanza cuando una ONG reta la base política de un gobierno.  En México, los observadores que ellas introducen pueden descubrir las relaciones verdaderas entre el apoyo local del gobierno (sea constituido de rancheros o de trabajadores sociales) y la población supuestamente pasiva de inditos. 
 
Habría por lo menos tres modos distintos de definir el conflicto: Los líderes oficialistas, intentando presentarse como una gerencia imparcial, por encima del conflicto, sugirieron que, de veras, el conflicto se daba entre facciones, grupos locales, o sectas religiosas, dentro de las comunidades. Los activistas radicales, nunca listos para ver tan degradado un conflicto popular, sugirieron que el Ejército y los rancheros empleaban organizaciones paramilitares, reclutadas entre los evangélicos, motivados por su pobreza.
 
Los refugiados del conflicto se agregaron a poblaciones temporales -- donde eran aún más vulnerables a los golpes de los paramilitares.
 
Hasta fines de 1997, el tema de los paramilitares, junto con el de los observadores extranjeros, llegó al colmo. Grupos locales en Chiapas, supuestamente independientes, pero vinculados al gobierno estatal, al PRI, y al Ejército, atacaron a comunidades de refugiados, con remate en la masacre de 45 personas en Acteal.  En respuesta, nuevos grupos de observadores llegaron desde el extranjero, añadiéndose a los voluntarios ya comprometidos a largo plazo en la zona.  Algunos extranjeros trabajaban para concientizar políticamente a los mayas, también calificándolos para comunicarse con el mundo externo.  Durante la primavera, el gobierno mexicano comenzó a expulsar a los extranjeros a quienes acusaba de intervenir en la política mexicana -- hasta 126 italianos barridos de una vez en mayo.
 
Estas expulsiones, unidas a la idea de que los observadores violaban la soberanía nacional, nos presentan ahora un eslabón regresivo a la Guerra entre EU y México.  No es que los observadores se parezcan de modo serio a los anglos que se infiltraban en Texas en 1830.  Más bien, cualquier defensa de la misma idea de la soberanía, en cualquier época, puede contribuir a una visión de la guerra como un conflicto simple entre dos estados-nación.  Esto tiene que ver claramente con la guerra de 1846-48, durante la cual los intereses de los pueblos indígenas constituían el gran rasgo que no cabía dentro de esa interpretación binacional.
 

Referencias:


Copyright 1998 The Intermountain History Group, intermtn@sprynet.com. All rights reserved.