La Guerra México-EU
y los pueblos del año 2000
Datos de la historia:
Los conflictos de 1846-48
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Los jefes blancos, ilusionados
Los conflictos de 1846-48
El futuro de las naciones nuevas/viejas |
Para cada fase de la guerra entre Estados Unidos y México, los
historiadores de ambas naciones han minimizado las evidencias de que algo
más obraba que un simple conflicto entre dos estados-nación
nítidamente definidos. Han ignorado huellas de la participación
real de otros jugadores, y de que algunos líderes "opositores" ya
se dirigían hacia un sistema compartido y transnacional:
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El primer enfrentamiento letal entre agentes del ejército estadounidense
y ciudadanos mexicanos fue probablemente, no la acción famosa entre
patrullas al sur del río Nueces de Texas, sino un
ataque sobre un pueblo indio en el norte de California. Ningún
gobierno nacional hacía gran caso del bienestar o de la ciudadanía
de la gente indígena de esa zona.
-
La rebelión de enero de 1847, contra
la autoridad estadounidense en Nuevo México, y representada comúnmente
como una de "mexicanos" contra "americanos," fue nutrida por una comunidad
fronteriza cuyo modo de vida pudiera ser minado por la polarización
entre lo mexicano y lo norteamericano.
-
La campaña inicial de Zachary Taylor al sur del río Bravo,
batalladoras que fueran las tropas por ambos lados, fue conducida dentro
de un cuadro de valores clasistas compartidos por oficiales en sí,
quienes se consideraban arriba de las pretensiones de la gente pobre.
Por eso la "capitulación" de Monterrey otorgaba
una metáfora guiadora para el liderazgo EU-Mexicano de la zona,
durante el siglo siguiente.
-
Una fuerza efectiva en la guerra fue la mentalidad
de Antonio López de Santa Anna, quien concibió a México
como una gran hacienda, amurallada detrás de sus montañas,
pero dependiente de dineros recibidos desde el extranjero.
-
Winfield Scott insistió en mantener una cooperación abastecedora
entre las fuerzas norteamericanas y los intereses terratenientes de México.
Aunque opuesta a las ambiciones inmediatas del presidente James K. Polk,
esta política cabía bien con los esfuerzos duraderos de muchos
gobiernos (tanto estadounidenses como mexicanos) de restringir
las comunidades indígenas dentro de límites controlados.
-
Aun sobre el campo de batalla, y dentro se su propio pensamiento, los mexicanos
de la época emprendieron un debate agudo sobre
el carácter de su nacionalidad -- un debate que pudiera quedar
sin resolución por principios del siglo XXI.
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Algunas historias, las que describen el continente en términos
de duelos entre estados-nación, han mistificado la realidad.
México y Estados Unidos, las dos naciones, habrán sido
las "empresas" más visibles en la economía continental de
los años 1840. Pero la "historia empresarial" del conflicto
nos dice poco sobre su "historia económica." Dentro de la
gran economía política de la Guerra entre México y
Estados Unidos, los elementos en conflicto fueron tres:
-
el interés plantador/hacendado/negociante, a través de líneas
nacionales
-
el interés de rancheros, pobladores, y pequeños comerciantes,
también a través de líneas nacionales
-
el interés indígena/esclavo/campesino, también a través
de líneas nacionales.
Las historias patrióticas en Estado Unidos han representado la causa
norteamericana, fuera justo o injusto, como el apoyo de un interés
"democrático" de pobladores. Por eso han visto en México
no más una señoría de hacendados sobre campesinos,
minimizando tanto las semejanzas internacionales entre pobladores y rancheros,
como los esfuerzos emprendidos separadamente en cada lado para alcanzar
un consenso entre agricultores grandes y medianos.
Las historias patrióticas en México tomaban como dado,
en otros tiempos, algún consenso entre hacendados y trabajadores
sumisos, juntos contra los pobladores perversos desde el extranjero.
Por eso minimizaban el conflicto interno y tridireccional, entre hacendado,
ranchero, e indígena.
La experiencia de ambos países. durante el siglo XX, ha incluido
esfuerzos de romper esta tensión tripartita. Mientras que
grupos empresariales han empujado un orden internacional basado en posesión
e inversión, los elementos populistas han buscado un sentido dramático
de un conflicto social entre "el pueblo" y "los intereses." Esta
reivindicación, también, salta pasando por alto las líneas
nacionales. Todo esfuerzo para comprimir el pensamiento popular dentro
de cajas nacionales pudiera prejuzgar la terminación de las luchas,
en favor de algún paternalismo antiguo dentro de cada nación.
Estas cuestiones llegan a otras, sobre el fracaso o el éxito
de la administración Zedillo en el México de los años
1990. Ya que el estado mexicano de 1846-48 no había movilizado
claramente a los indios como parte de la identidad nacional, la guerra
se desarrolló como una crisis de conciencia. Los líderes
hablaban de una identidad pluralista. Una fe en tal identidad vindicaría
la resistencia contra Estados Unidos, haciéndola algo más
que los reclamos de una élite colonial contra otra. Como individuos,
muchos líderes mexicanos, entonces y después, han buscado
precisamente tal amplitud y trascendencia social. Un mayor número
de personas habrán pensado en estos términos inclusivos --
es decir, más en México que en Estados Unidos.
Pero si el estado mexicano fracasara en sus esfuerzos hacia tal amplitud
nacional, para el año 2000, y dado que Estados Unidos nunca se ha
acercado a la misma, en este caso las dos sociedades habrían creado
ahora una conclusión nueva sobre el conflicto antiguo: que en la
guerra de 1846-48 se nos presenta una querella casual entre ladrones.
Referencias:
-
Laura Herrera Serna, coord., México en guerra (1846-1848): Perspectivas
regionales (1997)
-
Josefina Zoraida Vázquez, coord., México al tiempo de
su guerra con Estados Unidos (1846-1848) (1997)
-
Robert W. Johannsen, To the Halls of the Montezumas: The Mexican War
in the American Imagination (1985)
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