La Guerra México-EU

y los pueblos del año 2000


Los conflictos de 1846-48:

El repartimiento de identidades

 
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    Mientras está sucediendo la derrota, y en la mitad del desastre, los problemas de identidad que tiene un pueblo corren por los ojos con gran urgencia.  México sí tenía los problemas.  Los enfrentó a favor de nacionalidades que se extendían a gran distancia más allá de sus propios lindes. 

    Pero, de la misma manera como la pérdida personal no produce siempre una duradera "conversión" religiosa, esta reflexión no fijó claramente a México, en una cultura plural que resistiría firme el modelo monolítico adelantado por Estados Unidos.  El elemento definitivo en este fracaso mexicano fue el no aceptar a los indios "salvajes" en mejor forma que lo haría EU. 

    Una sucesión de voces reveló el rumbo del debate, incluidos: 
     

    Pero la lucha contra rebeliones campesinas continuaba. 
     
     

    García Gutiérrez

    La batalla de Padierna fue decisiva en la táctica porque dispersó a unas fuerzas mexicanas, indispensables para una defensa positiva de la capital.  Importaba también a México, y al mundo, porque agregó a unos individuos quienes sabían bien que enfrentaban cuestiones sobre lo que podrían significar "raza" y "nacionalidad" en aquel mundo.

    Uno fue el escritor Guillermo Prieto, al principio de su larga carrera en la política nacional.  En el campo de batalla encontró a otro escritor, que también ponía una mano desesperada en la riña:  Antonio García Gutiérrez, español, residente por el momento en el Nuevo Mundo, autor de la pieza teatral El Trovador,  la que inspiraría más tarde la ópera de Verdi, Il Trovatore.

    Prieto a García:   -- ¡Antonio! ¿Qué haces tú, aquí?

    García, en respuesta:  -- ¡Mi raza! ¡Mi raza!

    La urgencia había comprimido toda la complejidad en una palabra. Una raza universal, hispana, se defendía contra un norte amenazador.  Pero las complicaciones, incluidas las en El Trovador, todavía estaban.
    En el complot ostensiblemente absurdo, una gitana roba y cría, como propio, uno de los niños recién nacidos del noble quien había quemado a su madre, por bruja.  Un hermano crece como soldado aristócrata, el otro como rebelde plebeyo que se hace trovador.  Y, por supuesto, rivales por el amor de la misma mujer.  Cuando el hijo aristócrata captura y mata a su propio hermano (y toma veneno la heroína), la gitana logra la venganza, o la sufre.

    La España que García representaba, como el México donde llegó como visitante intelectual, sufría guerras fratricidas, entre causas rivales, cada una de las cuales pretendía descender de algo básico en la vida de la nación. Detrás del choque entre hermanos, García vio a una hostilidad más profunda, entre la conquista hispana y una raza anterior, entre la autoridad y la vida materna, entre fuerzas siempre opuestas, las cuales, sin embargo, la gente tendría que reconciliar para realizar la nacionalidad.

    Fue todo este complejo de hostilidades, supuestamente resueltas en el patriotismo del momento, que García esperó comunicar a Prieto, automáticamente.


    Ramírez

    Y había aún otro escritor quien, llegando para combatir al enemigo en el campo de Padierna, aceptó en la acción toda la fuerza de la unidad patriótica.  Éste fue Ignacio Ramírez. Empleaba el seudónimo El Nigromante -- él que podía llamar a los muertos, exigiendo que predijeran el futuro.  Derivaba como del mismo mundo como la madre gitana en la pieza de García.  Fue de veras feroz en una cosa:  nunca dejaría que nadie pasara por alto los conflictos genuinos dentro de la sociedad mexicana.

    Dos años después de la guerra, editó un pequeño periódico bajo el título de Temis y Deucalion -- por Temis, la diosa griega que perseguía, sin piedad, a todos los que usurpan a los derechos ajenos, y por Deucalion, la figura ancestral que recibió la tarea de repoblar Grecia después del Diluvio.  La Justicia y el Renacimiento de Pueblos -- estos constituían el tema del Nigromante.

    Esclareció rápidamente que la justicia obraría contra algo además de Estados Unidos invasor.  Contó también contra los hacendados quienes, en casos incontables, usurparon las tierras y aguas a las comunidades indígenas.  En un número dedicado a alentar el apoyo para su propio partido "progresista," incluyó una sección dirigida "A los indios." Detallando queja tras queja, implicó que los progresistas respaldarían las leyes, costumbres y propiedades de los indígenas.

    Las autoridades y los grandes del estado de México (donde escribía Ramírez) golpearon en respuesta.  Mariano Riva Palacio dirigió el ataque.  Tenía éste lo que parecía credenciales populares:  casado con una hija de Vicente Guerrero -- el Negro Guerrero, acusado en su propio tiempo de incitar a los campesinos indios.  Ahora hizo una vuelta completa, diciendo que Ramírez difamaba a los hacendados con la sugerencia de que engañaban a sus indios, que alentaba la desobediencia, y que aun incitaba una guerra de castas.  Demandó que el tribunal prohibiera el periódico.

    En su defensa durante el juicio, Ramírez hizo hincapié en la crisis reciente en Cuernavaca.  El jurado lo exoneró. Conservadores y moderados vociferaban que el sistema de jurados no funcionaba, permitiendo así que delincuentes abusaran de la libertad de imprenta.


    Lafragua

    José María Lafragua respaldó la guerra contra Estados Unidos, para votar al fin el tratado de paz.  Periodista y diplomático, fue un "moderado" en el mismo grupo como Riva Palacio, contra radicales como El Nigromante.  Por la derrota militar, culpó una apatía encontrada tanto entre los ricos como en la plebe.  Consideraba viciosa la parte mestiza del proletariado, apta solamente para servir en una milicia urbana sin función militar.  Los indígenas lo asustaban por ser rebeldes, resistentes a los impuestos y al servicio militar, vulnerables a la tentación por el enemigo.  Según su criterio, las únicas patriotas fueron una pequeña clase media, constituida por hombres sin fuerza real para contribuir a cualquier causa.

    Sonó como García Gutiérrez cuando describió Estado Unidos como el enemigo de "nuestra raza."  Una vez ocupada la capital por fuerzas norteamericanas, deseaba una paz rápida para quitar a esas tropas extranjeras que amenazaban corromper los valores mexicanos.  Lamentó que la esclavitud estuviera institucionalizada en Estados Unidos, y celebró el hecho de que México se había hecho una raza mestiza, uniendo a los españoles con los indios -- es decir, con tales indios a los cuales habían civilizado.

    Pero creía que Estados Unidos había tenido éxito en un camino moral donde México había fracasado:  había colonizado el monte, liberándolo de las fieras y de los "salvajes." Podría conformarse aun con la aceptación paulatina de algunas costumbres yanquis, dentro de la cultura mexicana.

    Y se dijo que la etnogénesis y el secesionismo pudieran continuar activos en los territorios cedidos por el tratado.

    "...tal vez antes de medio siglo Tejas, Nuevo-México y California serán una o dos naciones independientes, que harán ilusorias las culpables tendencias de los Estados Unidos contra México.  Y esta no es una teoría; porque así es como se han formado todas las naciones de la tierra."
    -- José María Lafragua a Manuel de la Peña y Peña,
    25 de noviembre de 1847

    Referencias:


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