y los pueblos del año 2000
El repartimiento de identidades
Ojeada
general
|
Mientras está sucediendo la derrota, y en la mitad del desastre,
los problemas de identidad que tiene un pueblo corren por los ojos con
gran urgencia. México sí tenía los problemas.
Los enfrentó a favor de nacionalidades que se extendían a
gran distancia más allá de sus propios lindes.
Pero, de la misma manera como la pérdida personal no produce siempre una duradera "conversión" religiosa, esta reflexión no fijó claramente a México, en una cultura plural que resistiría firme el modelo monolítico adelantado por Estados Unidos. El elemento definitivo en este fracaso mexicano fue el no aceptar a los indios "salvajes" en mejor forma que lo haría EU. Una sucesión de voces reveló el rumbo del debate, incluidos:
|
Uno fue el escritor Guillermo Prieto, al principio de su larga carrera en la política nacional. En el campo de batalla encontró a otro escritor, que también ponía una mano desesperada en la riña: Antonio García Gutiérrez, español, residente por el momento en el Nuevo Mundo, autor de la pieza teatral El Trovador, la que inspiraría más tarde la ópera de Verdi, Il Trovatore.
Prieto a García: -- ¡Antonio! ¿Qué haces tú, aquí?La urgencia había comprimido toda la complejidad en una palabra. Una raza universal, hispana, se defendía contra un norte amenazador. Pero las complicaciones, incluidas las en El Trovador, todavía estaban.García, en respuesta: -- ¡Mi raza! ¡Mi raza!
En el complot ostensiblemente absurdo, una gitana roba y cría, como propio, uno de los niños recién nacidos del noble quien había quemado a su madre, por bruja. Un hermano crece como soldado aristócrata, el otro como rebelde plebeyo que se hace trovador. Y, por supuesto, rivales por el amor de la misma mujer. Cuando el hijo aristócrata captura y mata a su propio hermano (y toma veneno la heroína), la gitana logra la venganza, o la sufre.La España que García representaba, como el México donde llegó como visitante intelectual, sufría guerras fratricidas, entre causas rivales, cada una de las cuales pretendía descender de algo básico en la vida de la nación. Detrás del choque entre hermanos, García vio a una hostilidad más profunda, entre la conquista hispana y una raza anterior, entre la autoridad y la vida materna, entre fuerzas siempre opuestas, las cuales, sin embargo, la gente tendría que reconciliar para realizar la nacionalidad.
Fue todo este complejo de hostilidades, supuestamente resueltas en el patriotismo del momento, que García esperó comunicar a Prieto, automáticamente.
Dos años después de la guerra, editó un pequeño periódico bajo el título de Temis y Deucalion -- por Temis, la diosa griega que perseguía, sin piedad, a todos los que usurpan a los derechos ajenos, y por Deucalion, la figura ancestral que recibió la tarea de repoblar Grecia después del Diluvio. La Justicia y el Renacimiento de Pueblos -- estos constituían el tema del Nigromante.
Esclareció rápidamente que la justicia obraría contra algo además de Estados Unidos invasor. Contó también contra los hacendados quienes, en casos incontables, usurparon las tierras y aguas a las comunidades indígenas. En un número dedicado a alentar el apoyo para su propio partido "progresista," incluyó una sección dirigida "A los indios." Detallando queja tras queja, implicó que los progresistas respaldarían las leyes, costumbres y propiedades de los indígenas.Las autoridades y los grandes del estado de México (donde escribía Ramírez) golpearon en respuesta. Mariano Riva Palacio dirigió el ataque. Tenía éste lo que parecía credenciales populares: casado con una hija de Vicente Guerrero -- el Negro Guerrero, acusado en su propio tiempo de incitar a los campesinos indios. Ahora hizo una vuelta completa, diciendo que Ramírez difamaba a los hacendados con la sugerencia de que engañaban a sus indios, que alentaba la desobediencia, y que aun incitaba una guerra de castas. Demandó que el tribunal prohibiera el periódico.
En su defensa durante el juicio, Ramírez hizo hincapié en la crisis reciente en Cuernavaca. El jurado lo exoneró. Conservadores y moderados vociferaban que el sistema de jurados no funcionaba, permitiendo así que delincuentes abusaran de la libertad de imprenta.
Sonó como García Gutiérrez cuando describió Estado Unidos como el enemigo de "nuestra raza." Una vez ocupada la capital por fuerzas norteamericanas, deseaba una paz rápida para quitar a esas tropas extranjeras que amenazaban corromper los valores mexicanos. Lamentó que la esclavitud estuviera institucionalizada en Estados Unidos, y celebró el hecho de que México se había hecho una raza mestiza, uniendo a los españoles con los indios -- es decir, con tales indios a los cuales habían civilizado.
Pero creía que Estados Unidos había tenido éxito en un camino moral donde México había fracasado: había colonizado el monte, liberándolo de las fieras y de los "salvajes." Podría conformarse aun con la aceptación paulatina de algunas costumbres yanquis, dentro de la cultura mexicana.
Y se dijo que la etnogénesis y el secesionismo pudieran continuar activos en los territorios cedidos por el tratado.
"...tal vez antes de medio siglo Tejas, Nuevo-México y California serán una o dos naciones independientes, que harán ilusorias las culpables tendencias de los Estados Unidos contra México. Y esta no es una teoría; porque así es como se han formado todas las naciones de la tierra."-- José María Lafragua a Manuel de la Peña y Peña,
25 de noviembre de 1847
Referencias:
Copyright 1998 The
Intermountain History Group, intermtn@sprynet.com. All rights reserved.