y los pueblos del año 2000
¿Naciones sin localidad?
| Ojeada
general
El futuro de las naciones nuevas/viejas
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El México de 1845 fue un modelo de lo que estaría volviéndose
todo el continente, para el año 2000. Pese a todo el aislamiento
de estados individuales, y de haciendas particulares, no fue un rompecabezas
de recortes territoriales nítidamente delimitados. Las incursiones
indígenas podían atravesar distancias enormes. También
lo podían las unidades del Ejército, aun cuando no les gustaba.
Los intrusos texanos, capturados en el norte, podían ser transportados
a cárceles en el sur. Los rebeldes indígenas podían
ser deportados o vendidos, hasta provincias remotas. Cuando conservadores
y liberales hablaban del peligro de una guerra de castas, creían
prever un conflicto cabal, que sería una sola entidad, desde California
hasta Yucatán.
Cuando se negociaba el tratado de Guadalupe-Hidalgo, dividiendo aquel gran espacio con una línea supuestamente nítida, los negociadores mexicanos demandaron que el texto incluyera una garantía norteamericana para guardar, al norte de la línea, a los comanches y apaches. A esto, aunque aceptado, le faltaba el realismo, no solamente porque Estados Unidos no tenía ganas de cumplir, sino porque la cláusula aceptaba un tipo de mentalidad "lineal" más primitiva y mecánica que el pensamiento mexicano experimentado de la época. Esta experiencia fue un asunto de lo que los físicos llaman la "no-localidad." Digan lo que digan los historiadores, en la actualidad, acerca del "localismo" del México decimonónico, tanto los generales y periodistas, como los intrusos indígenas, comprendían el área como una vasta red entrelazada. La soberanía mexicana, respaldada por el aspecto universalista de la práctica católica, funcionaba como representante de un abarcamiento casi posmoderno. La nación aceptaba su propia realidad como un sistema no restringido a lugares específicos. Vivía por relaciones extendidas hacia afuera. |
No es cuestión de argumentar que las familias y los grupos étnicos posean algún "derecho" a formar las conexiones distantes. Es cuestión de hechos. Las familias ya no existen en términos de localidades deslindadas -- aun si existían así antaño. Cuando un oficial dice que la no-localidad sirve para extender el alcance de la soberanía de su propia nación-estado, desacierta. Cualquier nuevo derecho moral deriva, no del estado, sino de las familias y de las nacionalidades no-estatales que están construyendo y experimentando el alcance mismo. El control estatal de una comunidad, aún si no es más que el dominio PRI-ista sobre algunas comunidades mayas en Chiapas, deriva de la misma materia histórica como aquel control a nivel de mando, que venció en el Nuevo México de 1847.
Esta nueva condición de no-localidad agrega y resume muchas cosas muy antiguas, sobre la manera como las comunidades comienzan a vivir, o han existido en el pasado:
Referencias:
Donna DeCesare, "The Children of War: Street Gangs in El Salvador," NACLA: Report on the Americas (1998) Gaspar Rivera Salgado, "Naa-Shica'i (Los que andan por tierras lejanas)" (www.laneta.apc.org/fiob/ojarasca.htm) Patricia Albers, "Changing Patterns of Ethnicity in the Northern Plains, 1780-1870," en Jonathan D. Hill, ed., History, Power, and Identity (1996). Nancy P. Hickerson, "Ethnogenesis in the South Plains: Jumano to Kiowa?" en Hill, History, Power, and Identity. John H. Moore, The Cheyenne Nation: A Social and Demographic History (1987)
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