La Guerra México-EU

y los pueblos del año 2000


El futuro de las naciones nuevas/viejas

 
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El futuro de las naciones nuevas/viejas 

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  • Las grandes naciones-estado funcionan para "contener" automáticamente todos los fuegos por los cuales las comunidades populares se afirman como grupos étnicos, o aún como nacionalidades.  Se acepta, naturalmente, que los estados-nación sean las únicas entidades a las cuales la gente debiera jurar lealtad. 

    Esto forma una razón por la que las historias de la Guerra México-EU cuelgan como una pesa sobre la actualidad.  Dicen que lo que importaba era el conflicto entre los dos estados-nación.  Se prohibe que las otras comunidades importen. 

    Sin embargo, los pueblos-nación tienen raíces profundas en el pasado, independientes de los dos estados-nación.  Crean también sus propios vínculos para entrar en un mundo transnacional que es el futuro de todos los pueblos.  Por eso, las comunidades poseen todos los elementos para constituirse en "Naciones Nuevas/Viejas."  No tienen que creer lo que les dicen los estados-nación. 

    Los estados-nación, si son inteligentes, tienen pues la opción de creer lo que dicen los pueblos-nación sobre la naturaleza del mundo. 
     
    Es triste:  los estados-nación de la América Septentrional, incluidos tanto Estados Unidos como México, se pretenderán más astutos que inteligentes.  Tratarán de presentarse como si tomaran en serio a los estados-pueblo, aún si no lo hacen. 

    Obran todavía unos errores, igual que la rigidez mental que afligía el pensamiento político de los años 1840, tanto en México como en Estados Unidos: 

    • Un error es el creer que el estado-nación es la sola gran comunidad que merece la lealtad -- que no existe otra identidad legítima.
    • Un segundo es el creer que el único pueblo adecuado para sobrepasar la soberanía estatal es el constituido por los oficiales de una cultura organizada -- ya los oficiales comisionados de una cultura militar, ya los administradores de las corporaciones transnacionales. 
     
     Muchos ciudadanos de bien en Estados Unidos rechazan la idea de que alguien pudiera amenazar con cumplir la "tonta" profecía de Lafragua, separando al Suroeste de Estados Unidos, o aun devolviéndolo a México. Algunos mexicanos de bien (PRI-istas, por lo menos) dirán que todo proyecto de autonomía para los pueblos-nación amenaza "balcanizar" a América, escindiéndola en pequeñas bandas de lunáticos etnocidas. Solamente los gobiernos centralizados, dirán, pueden hacer que el proceso de paz "corra a tiempo."

    Pero el propio José María Lafragua fue un nacionalista convencional del siglo XIX, creyendo que los destinos morales tenían que encajar en territorios geográficos con lindes mecánicos.  Fue uno de muchos, a ambos lados del río Bravo, quienes creían que todos los pueblos nómadas son automáticamente "salvajes."  Preguntado sobre la posibilidad de una nación "no-local," la habría desdeñado como una tontería metafísica.

    Los temas mayores de la Guerra México-EU van a seguir activos.  Las confederaciones del continente, siendo estados-nación, siguen compitiendo entre sí para ejercer influencia sobre los pueblos-nación.  A los chicanos y emigrantes hacia el norte, Estados Unidos ofrece la supervivencia; México, recuerdo y cultura.  El gobierno de Zedillo se esfuerza para conservar la hegemonía sobre los "corazones y mentes" de todos los pueblos-nación agregados bajo el estado-nación mexicano.  Su pensamiento, como el de Lafragua, permanece quebradizo y defensivo.

    La fluidez que caracterizaba el pasado histórico en la América Septentrional, y la falta de una identidad estable entre la gente que manejó una crisis tan grande como la Guerra México-EU, significan que las identidades nacionales que derivan de esa crisis forman todavía construcciones bastante artificiales.  La política está "para agarrarse" en todos los ambientes donde están brotando las identidades nacionales:

     

    Una Definición que se Está Construyendo:  NUEVA/VIEJA NACION

    No hay una lista auténtica de naciones nuevas/viejas, para ser tomadas de la repisa que es la historia, pulidas, y transformadas en figuras de la escena corriente.  Algunos grupos étnicos pudieran elegir no figurar como naciones territoriales, sino por fines de recuerdo y orgullo.  Algunas naciones realmente territoriales, como Puerto Rico, pudieran hesitar a salirse de los beneficios protectores de un estado-nación dominante.  Lo que desean las gentes específicas es algo mejor dejado a la decisión propia.  Sus decisiones -- constituyendo lo que los académicos llaman la "etnogénesis" -- podrían cristalizarse al nivel de la familia, del clan, de la patria chica, del grupo lingüístico, o aún de un movimiento político.  Siendo el proceso tan abierto, arranca fácilmente sobre la base de lo que está pasando en nuestro mundo.  Aun cuando grupos viejos, como el maya o el naga'a, insisten en sus antiguos derechos e identidad, lo hacen con los métodos disponibles en la actualidad.  Son literalmente "Naciones Nuevas/Viejas." 

    Cada una de las cuatro divisiones principales de la América Septentrional constituye ahora una confederación política: 

    • Canadá
    • Estados Unidos
    • México
    • Centroamérica (la que existe formalmente todavía como una confederación fragmentada -- la Yugoslavia americana)
    Dentro de cada una, y a través de los lindes que las separan, salen los sonidos de otro tipo de nacionalidad, sin semejanza a la oficial.  Es un secesionismo espiritual, mucho más que territorial.  En contra de él, los estados actuales ofrecen solamente una alegación seria:  que les toca precaver la balcanización.  El gran peligro viene, sin embargo, desde otro sector que el de la fragmentación.  Surge de cualquier violencia empleada para reprimir a las naciones nuevas/viejas. 

    Una nueva/vieja nación es un conjunto de gente que actúa dentro de nuestro mundo no-local.  Puede concebirse como arraigada dentro de algún mundo chico, delimitado; pero aun tal mundo prioritario fue uno donde la identidad individual y familiar no se detenía ante las líneas de propiedad.  Para aventurar un tipo de definición: 

    • La nueva/vieja nación vive nutrida por un sentido de que sus miembros han entrado en el mundo no-local por algún canal compartido.  Este canal puede ser un territorio o vecindad, ya el valle pretendido por una comunidad indígena, ya la vecindad pretendida por una pandilla urbana. Puede ser mítico, como una cueva sagrada de donde salieron los progenitores para entrar en el mundo.  Puede ser una experiencia compartida del desastre natural.  Puede ser una experiencia carcelaria. O una lucha reciente contra algún estado-nación.
    • Sea cual fuere el origen "antiguo," la nueva/vieja nación tiene acceso a todos los modos de la no-localidad, sin límite por ninguna nación-estado.  Aunque con raíces, forma una "no-localidad arraigada."
    • Sus recursos compartidos, tal vez con raíces míticas en alguna caja comunal, tiene el potencial para convertirse en algo parecido al fondo para huelga o beneficios, de un sindicato -- es decir, un apoyo en las negociaciones con los de afuera, y en aquellas entre el presente y el futuro.
    • Es depósito y generador de sus propias normas lingüísticas, para proteger tanto la lengua histórica como cualquier forma que evolucione en la actualidad.
    • Existe mediante la negociación continua (no necesariamente pacífica) entre sus propios miembros, constituyendo también el agente natural para las negociaciones con otros.

    Posibilidades y Futuro

    Como en los casos de las poblaciones territoriales o del estado-nación, no hay garantía de que la nueva/vieja nación sea democrática en su vida interna, o suave en el tratamiento dado a los de afuera.  La analogía entre los nómadas del siglo XIX, y las pandillas callejeras del XX, no es trivial.  Sin embargo, nada de eso contradice el hecho sencillo de lo que pasa alrededor de nosotros.  En contra de lo que el estado-nación demandaba anteriormente, una corriente ha tomado fuerza, hacia lo que muchos considerarían comunidades forajidas.  Mientras las nuevas/viejas naciones desarrollen normas propias, hay tres posibles salidas: Entre estas tres direcciones posibles, la más abierta para una nueva decisión es la entre las metas de México, como estado-nación, y los anhelos de todas las nacionalidades no-locales que echan raíces dentro de México o sus alrededores.  México, como nación, ha pretendido durante mucho tiempo constituir algo esencialmente "mestizo," hasta unir las identidades de pueblos diversos.  Mientras crecían las poblaciones indígenas, muchos individuos se sangraban del todo, para asimilarse dentro de la población general.  La categoría estadística de "indígena" abarca principalmente los que todavía hablan idioma indígena, con el resultado de minimizar el componente indígena en la identidad nacional, higienizándolo y siempre subordinándolo.  Aún así, el estado-nación sí tiene el potencial de hacerse el campeón y patrón de una gama amplia de nacionalidades indígenas o nuevas/viejas, incluidas muchas encontradas actualmente afuera de sus lindes.

    Este campeonato se haría material si el estado concediera a las nacionalidades nuevas/viejas un mayor grado de autonomía y creatividad que se encuentran ahora en el indigenismo oficial.  Por el momento, el régimen parece todavía comprometido a una versión mal disfrazada de la política antigua de Estados Unidos contra los indios.

    Pero los indígenas no fueron dados en encomienda legítima ni a España, ni al PRI, ni aún al Instituto Nacional Indigenista -- es decir, nunca a los caudillos ilusionados de ninguna cultura blanca.  Todas las instituciones de nuestra época que funcionan a nivel de mando -- las cuales incluyen al estado mexicano, los Estados Unidos como nación, y las corporaciones transnacionales -- pueden seguir tratando a las nacionalidades nuevas/viejas como a una clientela cautiva.  (En un cautiverio sofisticado, por supuesto.)  Hay poca probabilidad de que algo distinto consiga una huella segura en Estados Unidos.  Solamente en México se presenta una perspectiva más abierta como si fuera aún concebible.

    La forma más sofisticada para defender el proceso clientelista es la empleada por algunos peritos sobre la "etnogénesis."  Con gran cuidado, argumentan que las naciones nuevas/viejas no presentan ningún peligro al estado-nación.  Honrados, no quieren armar el regreso hacia ninguna política represiva.  Tienen razón si hablan solamente del gran poder físico del estado.  Pero no la tienen si hablan de corazones y mentes y futuros. Las nuevas/viejas naciones sí amenazan hacerse más que inditos mendicantes, sombrero en mano.  Sí amenazan invadir las identidades construidas por los estados-nación.

    Esta es la misma situación que existía bajo negociación, mediante y tras la Guerra México-EU.  Las fuerzas de la no-localidad han brotado de nuevo, ganando terreno ahora a expensas del pensamiento territorial.

    Los pueblos nuevos/viejos se transformarían en algo más claro, más activo, como instituciones en el mundo actual.  Podemos sentirnos asegurados de eso.  Pero:  ¿con qué aliados entre las filas de otras instituciones?  ¿O sin aliado ninguno?
     
     
    Ante la coacción, estas naciones no-locales, nuevas/viejas, pueden aprovecharse de una desviación:   negociar directamente entre sí mismas.


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