y los pueblos del año 2000
Población y rebelión
Ojeada
general
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Las raíces de la cuestión migratoria están tejidas
a nivel profundo, bajo el suelo de la historia:
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La corriente demográfica de indígenas y mestizos había acumulado fuerza paulatinamente, habiendo dependido del crecimiento episódico de inmunidad contra las enfermedades "no-americanas," y sobre el recobro lento en la economía mexicana después de la ruptura con España. El momento cuando un específico grupo indio comenzó a recuperarse dependió en parte de cuando los blancos relajaban sus ataques militares, pero también sobre factores médicos: solamente cuando un grupo fuera integrado parcialmente en el charco europeo de enfermedades, desarrollarían sus niños algún grado de inmunidad. Aunque aparecidos estos cambios en muchas colonias españolas durante el siglo XVIII, no sucederían en los Llanos y las Montañas Rocosas hasta fines del XIX o aun durante el XX -- bastante tarde para el sobrevivir de un pequeño grupo interior como los mandanes, o para unas grandes poblaciones de California (salvo algunos individuos dispersos).
Una vez iniciado nuevamente el crecimiento de una comunidad, la gente podría descubrir que se había reproducido más allá de lo que su agricultura pudiera sostener. Se vio que algunas de sus antiguas tierras se habían deslizado, desde hacía mucho tiempo, en manos de una hacienda vecina, o que una comunidad próxima (también indígena) poseía todavía un "excedente" de tierra. Los locales recurrirían a los tribunales para reclamar la tierra faltante, o en algunos casos la invadirían directamente. Por episodios separados, entonces no tan separados, se vería que muchas comunidades enfrentaban la misma necesidad.
Indios y mestizos, quienes vivían en comunidades del campo, comenzaban a recobrar población después de siglos de pérdidas desastrosas, causadas en gran parte por las enfermedades europeas. Constreñidos dentro de los recursos disponibles, se empujaban a reclamar las tierras y aguas que habían perdido durante generaciones anteriores.
Aunque todas las poblaciones mestizas habían sido expuestas, por la naturaleza del caso, a aquel charco europeo de enfermedades, algunas actuaban como si constituyeran parte de la corriente demográfica "blanca"; otras, como parte de la indígena. Algunos mestizos o africano-americanos tomaron residencia dentro de antiguas comunidades indígenas. Otros se insertaron en la población ranchera de México, o en la ladina de Guatemala, ambas identificándose como parte de la sociedad expansionista europea. Algunos indios se posesionaron de terrenos particulares, que los hacían casi indistinguibles de los rancheros. Brotadas las guerras civiles, no se podría predecir fácilmente las lealtades de tales grupos en transición.
Las diferencias entre las fechas del recobro demográfico se varían en parte según las distinciones entre el sedentario del sur y el nómada del norte. Esta diferencia entre el modelo sureño y el interior se paralelaba a la entre el expansionismo hispano y el anglo. Fallando algunos observadores a detectar el gran resurgimiento de los pueblos indígenas, por eso aceptaban la doctrina de que los indios eran una raza "en desvanecimiento." Tomaban las pérdidas continuas de los indios llaneros como su único modelo, así aceptando una versión intelectual de la política de dividir y vencer, como si no existiera ningún vínculo entre las partes norteñas y sureñas de la población indígena.
Los observadores pro-indios dentro de la sociedad angloamericana, ansiosos de defender los derechos morales de las tribus, hacían poco caso del hecho de que las poblaciones indígenas al norte del río Bravo eran mucho menos numerosas que las al sur. Este lapso, ignorando el verdadero centro de gravedad de la población indígena, ha sido reforzado desde entonces por una énfasis exagerada sobre la idea de que Angloamérica y Latinoamérica tienen historias distintas. De este modo los "virtuosos" intelectuales blancos han minado "virtualmente" toda visión de un movimiento indígena más amplio.
La confrontación de los años 1840 estalló mientras las condiciones comunales llegaban a un cruce. La devastación de los mandanes en 1837, por la viruela, dio el tipo de colapso aun más común en otras épocas y siglos. Los lakotas del Misurí arriba pudieron entrar en el vaciado nicho territorial porque ya habían participado tanto en el mundo exterior que no serían para destrozarse en la única epidemia. Un grupo más explícitamente "mixto" de la región, los métis, había surtido a la Hudson's Bay Company de muchos cazadores y abastecedores, pero ahora había alcanzado tales números que la Compañia no podía emplearlos a todos. Comenzaban a dispersarse por la zona, hasta varios lugares y distintos papeles económicos. Los métis, literalmente mestizos del norte, gustaban de algunas raíces en comunidades tradicionales, pero generaban costumbres nuevas más complejas que todo lo imaginado por los "modernizadores" de aquel período.
Por todo el continente, las sociedades ofrecían alternativas para organizar la vida. Entidades foráneas, como la Hudson's Bay Company, presentaban su propio tipo de "transnacionalismo" para acercarse a estos problemas. Los métis estaban vinculados en parte a esa Compañía, en parte a los pueblos aun más migratorios del interior. En contraste, algunos fuertes grupos nómadas, como los lakotas, cheyennes, o comanches, hacían sus propios esfuerzos para imponer decisiones sobre los indígenas sedentarios, buscando así articular lo sedentario y lo migratorio bajo términos independientes del control externo. Si estos grupos fuertes luchaban a veces entre sí, otras veces se avecinaban. Constituían "empresas rivales" dentro de un sistema entendido por todos.
En las áreas donde ningún estado-nación ejercía poder efectivo, las relaciones entre grupos llamaban al ejercicio de autoridad autónoma, o a la negociación cotidiana. Esta situación, un suelo fértil para el brote de nuevos grupos étnicos o nacionales, ofrece aun en la actualidad un modelo de la negociación no-autoritaria (no necesariamente pacífica) entre entidades móviles y transmutables
Durante casi dos siglos, las nacionalidades de todo tipo estaban evolucionando en el Hemisferio Occidental, a veces dirigidas hacia identidades modelos provistas por los nuevos estados-nación, pero a veces independientes de todo monopolio cultural. Las poblaciones recrecidas después de pérdidas anteriores gustan todavía de una potencialidad para ser naciones, así como en el pasado.
Los estados-nación del siglo XIX se veían como campeones de una vida sedentaria y civilizada. Presumían actuar como los "representantes virtuales" de los segmentos sedentarios de la población no-blanca -- es decir, de toda la mano de obra agrícola. Las poblaciones dependientes tenía una opción -- tal vez más genuina que percibida en aquel entonces -- entre seguir al estado-nación y buscar caminos más abiertos. Podrían escoger, en algun tiempo, moverse desde las raíces locales hacia una existencia profundamente no-local. Esto llega a producir fruto, ahora a fines del siglo XX.
El período entre 1800 y 2000 es no más que un corto lapso en la historia humana. Salvo que la población mundial ha crecido enormemente durante los 200 años, el expansionismo blanco de 1800 y el expansionismo mestizo de 2000 constituyen solamente formas distintas, variables a través del tiempo, de fenómenos rivales, virtualmente simultáneos. En la jerga de 1998, lo que hemos visto durante gran tiempo es la lucha entre un transnacionalismo orientado al mando, por un lado, y un transnacionalismo popular o cooperativo por otro.
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