y los pueblos del año 2000
Caudillo dentro de escarpas: Antonio López de Santa Anna
Ojeada
general
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Si fue corrupto Santa Anna, deshonra la victoria norteamericana sobre
él. Si fue tan patriótico como corrupto, ridiculiza
el significado de todo nacionalismo.
Su historia incluyó episodio tras episodio en que se acercó tanto a la traición que sus enemigos no se inhibieron de presentar la acusación:
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En algo, esto fue una falta de cuidado; en algo, no más una frugalidad humana en arriesgar la muerte. El todo mostró a un hombre que se balanceaba entre la arrogancia y el miedo, abierto a transacciones con el extranjero que pretendió despreciar. Esto no fue heroísmo, ni tampoco la simple traición política que sus críticos condenaban.
Creía que México podría retirarse a sus murallas montañosas, como un casco de hacienda, parapetándose contra bandidos, y que cualquier subalterno aventurándose afuera se revelara no más insubordinado. Seguía quejándose, con toda razón, contra quienes dentro de México rehusaban abastecer a sus soldados. En esto, no hizo ningún caso del hecho de que él y su clase habían erigido un gobierno al cual contribuían con pocos impuestos, un régimen dependiente de aranceles recibidos en la misma zona que él dejaba ahora afuera de las murallas. Su intimación a Scott, por soborno, fue otro modo de reconocer aquella dependencia externa, y toda su actitud actualizó la falsedad del mito de una nación/hacienda autosuficiente. La gobernación de esa nación-estado dependía del dinero ajeno.
Lo que Santa Anna no podía saber fue que la índole de aquel dinero comenzaba a cambiar. Aunque había sido anteriormente la moneda de los negocios mercantiles, el dinero comenzaba a tocar conexiones con las oportunidades para inversión dentro de México. Los militares mexicanos con ejércitos a sostener (a leer: manos de obra a pagar) constituían la demostración activa que tal inversión pudiera arraigarse en la sociedad mexicana.
Santa Anna respondía a condiciones en brote, todavía sin etiqueta. Construía contactos, para sí como líder de nivel mediano, dentro de una sociedad futura que pasara por alto los límites de cualquier nación única. Su altivez convalidó sus reclamos políticos dentro de los lindes visibles de su nación. Sus transacciones, protegidas detrás de aquella cubierta, fueron más "creativas" que todo proyectado conscientemente por cualquier gobierno, fuera el suyo o el norteamericano.
Su maquinación tenía más que ver con la realidad que lo hacían los retratos suyos en las historias comunes de la Guerra entre México y Estados Unidos. Los historiadores mexicanos no cederían de buena gana la imagen de un héroe con faltas pero con grandeza, porque parecía simbolizar a la nación. Los historiadores militares en E.U., como los militares en todas las épocas, no rendirían la imagen de un Santa Anna fuerte, puesto que los opositores fuertes hacían resaltar a sus propios héroes.
La verdad fue más trabajadora, menos dramática. Santa Anna, aun tan temprano, fue el operativo mediano en un sistema transnacional, y en brote, donde muchos individuos comenzaban a puntear los nodos que harían coherente toda la red.
Él, y otros parecidos (a leer: Porfirio Díaz), tendrían éxito en la creación de la porción concedida a México en tal sistema. Infiltrando en esa porción sus propias pretensiones a la autoridad, daban al sistema transnacional rasgos de "estado." Mucho antes de fines del siglo XX, el sistema se transformaría en una red política con extensiones más allá de los límites de cualquier nación territorial.
Referencias:
Ramón Gamboa, Impugnación al informe del señor general Santa-Anna (1849). Antonio López de Santa Anna, Apelación al buen criterio de los nacionales y estrangeros : ... sobre las acusaciones presentadas por el señor diputado don Ramón Gamboa (1849).
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