y los pueblos del año 2000
El mercado laboral y las naciones vecinas
| Ojeada
general
El futuro de las naciones nuevas/viejas
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Las poblaciones negras e indígenas del continente se han aliado
a veces; han rivalizado en unas ocasiones; y en otras han actuado de ambas
maneras a la vez. Ya en la Costa Chica, ya en las zonas fronterizas,
ya en el mercado laboral disperso de Estados Unidos moderno, esta conexión
ha variado continuamente. A gran escala, la población indígena-africana
y la indígena-americana del Nuevo Mundo se relacionan entre sí
de manera parecida a la de dos comunidades indígenas vecinas, en
competencia por la tierra y otros recursos, mientras se enfrentan ambas
a las exigencias de una sociedad dominante, en gran parte blanca.
La cuestión más controvertida en Estados Unidos, respecto a la inmigración reciente, es la de si disminuye los empleos y los salarios de las personas ya en el país. Con la mayoría de los sectores de los trabajadores nativos, incluidos los mejor pagados entre los africano-americanos, no es así. Con los sectores verdaderamente marginados, incluidos tanto los peor pagados entre los africano-americanos, como los inmigrantes anteriores, sí lo será. Son las comunidades más vulnerables -- no aquellas donde brotan los activistas anti-inmigrantes -- las que tienen intereses reales en el asunto. En otras épocas, las poblaciones indígenas dependían a veces de la autoridad de un sistema jurídico -- blanco y colonial -- para arreglar las demandas por tierras. Pero tenían también que arreglar las demandas mutuas de manera cotidiana, mediante cualesquier vinculación local que pudieran armar. Este auto-ajuste fue, y todavía es, la meta ideal. Corresponde, en el mundo del año 2000, a la posibilidad de que las poblaciones migratorias, tanto negra como mestizo-indígena, pudieran ajustar la competencia laboral sobre términos adoptados por sí mismas, no por gobiernos o tribunales actuales. |
Pero ¿es posible que las comunidades negocien, sin patrocinio estatal? Sí, de dos maneras.
Primera, persiste el modo antiguo, por los sindicatos que incluyan grupos sustanciales de miembros étnicos. Esta es una situación de doble filo. Los sindicatos pueden representar las demandas de sus miembros, o resistir las de los de afuera. Ambos cursos han aparecido en el pasado, con resultados a veces positivos, a veces discriminatorios. Pero esto ofrece una ruta a la negociación.
Segunda, si las nacionalidades nuevas/viejas, naciendo, extienden sus propios arreglos propietarios hacia sostener instituciones no-locales, los fondos derivados tendrían algo del carácter de cajas para sostener huelgas. Tales fondos protectores, de cualquier manera empleados, pueden soportar la identidad autónoma, necesaria a toda comunidad que quiera negociar con los de afuera. A éstos no corresponde dictar que las comunidades se dirijan en tal dirección, ni tampoco predecir lo que va a pasar. Este futuro es algo que deben comprender.
Referencias:
Jack D. Forbes, Africans and Native Americans: The Language of Race and the Evolution of Red-Black Peoples, 2a edn. (1993) James Brooks, ed., Confounding the Color Line: Indian-Black Relations in Historical and Anthropological Perspective, ejemplar especial de American Indian Quarterly (1998)
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