La Guerra México-EU

y los pueblos del año 2000


Resultados nacientes:

El mercado laboral y las naciones vecinas

 
 
Ojeada general 

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El futuro de las naciones nuevas/viejas 

  • Propiedad
  • Lenguaje
  • Trabajo
  • ¿Localidad?
  • Las poblaciones negras e indígenas del continente se han aliado a veces; han rivalizado en unas ocasiones; y en otras han actuado de ambas maneras a la vez.  Ya en la Costa Chica, ya en las zonas fronterizas, ya en el mercado laboral disperso de Estados Unidos moderno, esta conexión ha variado continuamente.  A gran escala, la población indígena-africana y la indígena-americana del Nuevo Mundo se relacionan entre sí de manera parecida a la de dos comunidades indígenas vecinas, en competencia por la tierra y otros recursos, mientras se enfrentan ambas a las exigencias de una sociedad dominante, en gran parte blanca. 

    La cuestión más controvertida en Estados Unidos, respecto a la inmigración reciente, es la de si disminuye los empleos y los salarios de las personas ya en el país.  Con la mayoría de los sectores de los trabajadores nativos, incluidos los mejor pagados entre los africano-americanos, no es así.  Con los sectores verdaderamente marginados, incluidos tanto los peor pagados entre los africano-americanos, como los inmigrantes anteriores, sí lo será.  Son las comunidades más vulnerables -- no aquellas donde brotan los activistas anti-inmigrantes -- las que tienen intereses reales en el asunto. 

    En otras épocas, las poblaciones indígenas dependían a veces de la autoridad de un sistema jurídico -- blanco y colonial -- para arreglar las demandas por tierras.  Pero tenían también que arreglar las demandas mutuas de manera cotidiana, mediante cualesquier vinculación local que pudieran armar.  Este auto-ajuste fue, y todavía es, la meta ideal. Corresponde, en el mundo del año 2000, a la posibilidad de que las poblaciones migratorias, tanto negra como mestizo-indígena, pudieran ajustar la competencia laboral sobre términos adoptados por sí mismas, no por gobiernos o tribunales actuales. 

    Lo indicado es exactamente algo diferente de cualquier sistema de manejar las relaciones raciales por comités políticos o institutos académicos, constituidos por algún gobierno con buenas intenciones para limpiar su fama -- y menos por cualquier sistema de resoluciones legales, impuesto por la autoridad.  No es un proyecto sugerido por la filantropía de las Organizaciones No-Gubernamentales.  No es siquiera el patrocinio otorgado a comunidades indígenas por algún partido oficial -- respecto a que el PRI es no más una versión moderna de la visión sentimental de Sam Houston. Más bien, existe una apertura por la cual los grandes casi-pueblecitos, llamados naciones, pudieran descubrir sus propios modos de negociar y de resolver conflictos.
     
    Si estas nacionalidades nuevas/viejas eligen no aceptar aquel reto, es su propio asunto.  No es algo sobre lo cual las naciones-estado puedan pretender una autoridad legítima, no más que tenían derecho, los jefes blancos ilusionados del siglo XIX, de designarse para ayudar a los indígenas.  Por supuesto, las mayores cuestiones, del tipo que influye en la vida de muchos pueblos, pueden justificar la negociación (no la imposición) dentro de un cuadro aun más amplio, más allá del horizonte de cualquier gobierno nacional.

    Pero ¿es posible que las comunidades negocien, sin patrocinio estatal? Sí, de dos maneras.

    Primera, persiste el modo antiguo, por los sindicatos que incluyan grupos sustanciales de miembros étnicos.  Esta es una situación de doble filo.  Los sindicatos pueden representar las demandas de sus miembros, o resistir las de los de afuera.  Ambos cursos han aparecido en el pasado, con resultados a veces positivos, a veces discriminatorios.  Pero esto ofrece una ruta a la negociación.

    Segunda, si las nacionalidades nuevas/viejas, naciendo, extienden sus propios arreglos propietarios hacia sostener instituciones no-locales, los fondos derivados tendrían algo del carácter de cajas para sostener huelgas.  Tales fondos protectores, de cualquier manera empleados, pueden soportar la identidad autónoma, necesaria a toda comunidad que quiera negociar con los de afuera.  A éstos no corresponde dictar que las comunidades se dirijan en tal dirección, ni tampoco predecir lo que va a pasar.  Este futuro es algo que deben comprender.


    Referencias:

  • Jack D. Forbes, Africans and Native Americans: The Language of Race and the Evolution of Red-Black Peoples, 2a edn. (1993)
  • James Brooks, ed., Confounding the Color Line: Indian-Black Relations in Historical and Anthropological Perspective, ejemplar especial de American Indian Quarterly (1998)

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